Yo sé muy bien lo que es el «efecto yo-yo», ese que resulta un círculo infernal del que luego no se sabe cómo salir, en el que adelgazaba rápidamente y luego engordaba rápidamente también, lo cual hacía que ese círculo fuera más fuerte.
Cuando me dedicaba a no comer era muy reforzante ver la rapidez en adelgazar, las sensaciones de mi estómago eran muy diferentes, es como si acostumbrara a mi cuerpo a la escasez y así hacía que no pidiera comida, desapareciendo las sensaciones de hambre, eso hacía que me sintiera muy segura, a pesar de que cada vez implicaba más riesgo para mi salud, en esos huesos aún en crecimiento.
Cuando me dedicaba a comer, poco a poco caía en querer más, hasta que a lo largo de las semanas mi cuerpo quedaba anestesiado y aturdido con tanta comida y olvidaba lo que era tener hambre de verdad.
Iba de un extremo a otro, el «efecto péndulo» que llaman, y al final mi cuerpo comía guiado por mis pensamientos y ansiedad, habiendo perdido todo contacto con él, borrando sus necesidades de mi existencia.
Hasta que un día leí en un libro de historia del instituto una cosa que me hizo pensar, hablaba del hambre que la gente pasaba en época de guerra y lo sabio que es el cuerpo para su supervivencia, de manera que si se pasaba escasez, el cuerpo se ponía en «modo ahorro», así lo poco que entraba de comida en el cuerpo se guardaba a buen recaudo en cada célula, tratando de gastar las mínimas calorías posibles para sobrevivir.
Entendí así una cosa muy importante y es que cuando no comía o comía poco preparaba a mi cuerpo para reservarlo todo, y por esa razón yo me sorprendía de no adelgazar todo lo que yo esperaba comiendo tan poco, con lo que al final terminaba pensando que aún tenía que comer menos y que tenía un problema de constitución con el que me era muy difícil adelgazar.
Y mentira tras mentira construía mi mundo entorno a una preocupación que tenía como fin sentirme aceptada por los demás.
– ¡Senda ven!, ya tengo la película «Cómo cocinar tu vida» preparada, cada vez que entras en el baño parece que entraras en el túnel del tiempo.
– Ya cariño, por eso lo llamo «la sala de pensar».

como siempre excelente articulo el cúal te puede hacer reflexionar sobre muchas cosas en tu vida y pk hacemos lo k hacemos muchas veces.
Quiero volver a ver el documental este que enlazas, cómo cocinar tu vida. Recuerdo poco de él, pero me acuerdo de como el cocinero zen no se escapaba de su ira y sus enfados…
Gracias José Manuel. Me alegro mucho de estar consiguiendo mi objetivo de invitar a la reflexión.
Sí es una de las cosas claves en la meditación zen, y es quedarse observando aún cuando aparecen esas emociones, pero también conectando con ellas y dejando que te atraviesen para que finalmente se diluyan. Precisamente son los momentos más interesantes para seguir con una práctica de atención plena.