Escribir es el arte de sortear el duro juez interior que uno ha construido y comenzar a escribir lo que de verdad está pensando, dando rienda suelta a la creatividad y al propio criterio interior más genuino.

Primero dándote el derecho a que salgan ideas sueltas, puede que hasta te parezcan inconexas, sin embargo, más tarde podrás hallar el sentido.

Cuando uno escribe es porque se quiere comunicar, para mí es una necesidad vital. Y nos queremos comunicar también porque queremos ayudar, entiendo que es una necesidad mía y tuya.

¿Para qué queremos ayudar? por la propia satisfacción de hacerlo y para mitigar un dolor que se lleva dentro, ese dolor inevitable de la vida, de ver sufrir a otros, donde no puedes hacer nada. Pero esa energía no se queda ahí, la necesidad sigue existiendo, entonces ¿qué hago con mi necesidad? pues buscar vías accesibles para ayudar, donde sí está de nuestra mano, y donde te reciben esa ayuda.

El arte de ayudar es un arte que requiere de unas condiciones, como todo. Las dos condiciones necesarias para saber ayudar son:

  1. Ayudar sin abandonarse a uno mismo.
  2. Ayudar a quien realmente quiere ser ayudado.

Y estas condiciones no son fáciles de llevar a la práctica, porque nos han enseñado que hay que ayudar dejándose la piel, es decir, dando lo que ni siquiera uno tiene. Te voy a poner un ejemplo. Una persona cae a un pozo y está pidiendo ayuda, entonces tú te tiras también para sacarlo.

Parece que no tiene sentido ¿verdad? pues eso es lo que hacemos tantas veces cuando dejamos que otra persona nos trate mal porque ella lo está pasando mal, y entonces no le ponemos un límite sano. Cada vez que no utilizamos nuestra autoridad y empoderamiento para decir «no» a algo que nos viene mal, estamos haciendo flaco favor a la otra persona. Eso es lo mismo que tirarse al pozo con ella, dejándola a ella que te maltrate y permitiendo ser dañada tú. Es el eterno juego de víctima-verdugo.

La educación que hemos recibido ha apuntado siempre a esto, la consigna es «no hay que ser egoísta». La palabra egoísta está demonizada, como tantas otras, o más bien diría mal entendida. Nos han enseñado a tener miedo a ser egoístas, que en nuestra cultura se traduce en miedo a cuidarse a uno mismo, no vaya a ser que sea visto como egoísmo.

En estos momentos muchas personas estás saturadas de trabajo mientras otras no, a la vez que piensan en qué más pueden ayudar, pero quizá no vean todo lo que pueden ayudarse a ellas mismas en estos momentos, y a sus seres queridos. A muchas personas quizá les ha llegado el momento de mirar adentro y ver las maravillas que tiene. Entonces si aprovechas este momento para ayudarte, estás ayudando a los demás. Lo digo porque ahora muchas personas se cuestionan cómo podrían ayudar más, cada uno lo hace desde su ámbito, a su manera, desde su persona, cada uno como puede. Pero si no ves en qué otra cosa puedes ayudar o no está de tu mano, aprovecha para ayudarte.

¿Imaginas cómo de fuertes vamos a salir de ésta si aprovechamos este tiempo para un poco de introspección, de meditación, de reflexión al respecto?

Cuando te ayudas, ayudas a los demás. Luego agradécetelo. Es una manera preciosa de quererse, y eso te hará experto en querer a los demás. Porque en realidad todos estamos conectados todo el tiempo, sólo que quizá ahora lo apreciamos más. Y yo he escrito esto porque también quiero mitigar de alguna manera mi dolor de ver sufrir a otros, ¿ves que en realidad es un acto egoísta? Pero entendido desde la realidad de que estamos conectados, si algo realmente y esencialmente es bueno para mí, entonces es bueno para los demás. Y así es, no falla, no me creas, compruébalo.

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