Perros no, perros no, pero ¿por qué leo ese cartel una y otra vez?, yo sí puedo estar aquí ¿no?, pues ya está.
Pero como me había propuesto ser una buena persona y creía que las buenas personas nunca debían enfadarse, pues también lo escondí en el mismo baúl, en el fondo del mar.
Lo hice gracias a la culpabilidad y la vergüenza, pero como siempre pensé que una persona valerosa, como yo quería ser, no podía permitir sentirse avergonzada de sí misma y culpable, entonces las escondí también en el baúl.
La presión dentro del baúl era tan grande que la primera cosa que metí en él salió disparada por el otro lado, así la tristeza me invadió de repente con mayor intensidad y para quedarse por más tiempo.
No sabía qué me pasaba y estuve así durante meses. Con suerte no me impidió aprobar todas las asignaturas en junio.
Al siguiente curso, volví a mi banco preferido para reflexionar, me acordé de aquel primer día en el que comencé a sentirme mal.
¿Se puede?, dijo mi amiga Victoria, sí claro siéntate Victoria, aquí quienes no pueden estar son los perros, nosotras sí. Ah vale, es un alivio saberlo, dijo Victoria.
-Victoria: oye ¿qué te pasa?, antes no estabas así, ¿no te sientes enfadada con tu situación?
– Victoria: Y ¿no te sientes culpable de abandonar así tu vida?
– Yo: en el fondo del mar
– Victoria: ¿como Bob Esponja? jajaja
– Yo: sí, como Bob Esponja
