Muchas veces hay cierta confusión respecto a qué es un trastorno, su tratamiento y cuándo empieza a ser un problema o es algo normal. Desde luego, aquí la palabra “normal” quizá no es la más adecuada porque no es descriptiva y además es muy relativa y subjetiva, solemos usarla de formas muy erróneas.

Más bien tenemos que ver la psique como un continuo de características, en el que todos tenemos funcionamientos más adaptativos y también menos adaptativos que, según las circunstancias y cómo vayamos aprendiendo el funcionamiento de nuestra mente, así es el resultado, más adaptativo o más disfuncional.

Uno de los criterios estrella y fácil para tenerlo presente en todos es cuánto te perjudica en tu vida el funcionamiento, comportamiento, actitud o una dinámica en concreto. Si ves que tu vida “normal”, tal como tú entiendes el bienestar, se ve condicionada cada vez más y te impide hacer cada vez más cosas, quizá dejas de hacer lo que te gustaba o actividades que te enriquecían, entonces no dudes que empiezas a tener un problema, y si continuas sin hacer nada para cambiarlo, se refuerza y cronifica.

En el caso del trastorno obsesivo-compulsivo hay que distinguir si es que se trata directamente de que la personalidad es así, es decir, si lo que hay es un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva. En este caso, es aún más necesario un tratamiento para moderar todos los aspectos que sean posibles y, de esa manera, aumentar la calidad de vida, aquí es importante trabajar la aceptación de lo que quizá no pueda ser transformado. En el caso de que se trate del trastorno obsesivo compulsivo hay que trabajar con los síntomas para moderarlos mientras se trabaja sobre el origen y la comprensión de su evolución para que, entre terapeuta y paciente o cliente, se puedan entender y transformar las estrategias de gestión emocional, pensamientos y conductas, hacia unas más sanas y funcionales.

Y ahora voy a explicar cómo suele originarse la cadena de acontecimientos y la dinámica que, repetida cada día se va reforzando sin que la persona sea consciente. Para empezar todos nos encontramos con muchas circunstancias en nuestra vida, eso activa en nosotros una reacción psicofísica, que es la activación de emociones en nuestro cuerpo, y luego viene la segunda parte y es cómo afrontamos esas emociones. Según las creencias que tengamos sobre ellas, unas veces más irracionales que otras, así responderemos. Muchas personas tratan de gestionar las emociones sólo con los pensamientos, a veces, estos llegan a ser tantos y tan persistentes que llegan incluso a levantar dolores de cabeza y más dolencias.

Estos pensamientos desenfrenados que cada vez cogen más velocidad, parecen traernos la esperanza de que así lograremos reducir la ansiedad que sentimos ante algunas circunstancias de la vida o simplemente ante la ansiedad normal con la que tenemos que convivir todos. Pero resulta que esta promesa no llega a cumplirse nunca, aunque lo parezca a corto plazo, incluso la ansiedad va en aumento.

De esta manera cuando sentimos la ansiedad, como emoción adaptativa en principio, nos alarmamos como si delante de nosotros estuviera el mismísimo diablo y comenzamos a luchar contra él con todas las armas que tenemos a nuestra disposición. Algunas personas el eje de los pensamientos lo tiene más cultivado y es así como trata de ganar la batalla con todo su intelecto que, sin darse cuenta, está en modo irracional. Incluso muchas personas llegan a darse cuenta de que es irracional, pero de alguna manera sienten que no pueden pararlo porque el hábito ya se ha instaurado.

Así está servido el hábito de pensar en círculo vicioso, que se va reforzando cada vez que lo repetimos, convirtiéndose en lo que llamamos obsesiones. Si los pensamientos son dudas sobre si hemos cerrado bien la puerta o si esta sensación en mi pecho es por alguna enfermedad, empezamos a sentir la necesidad de hacer ciertas conductas que parecen también prometernos la reducción de la ansiedad, entonces comprobamos una y otra vez las cosas, aunque no siempre es este tipo de conducta, pero generándose así lo que llamamos compulsiones. ¡Ya tenemos la combinación obsesivo-compulsiva servida en el plato!

Creo que cualquiera de nosotros se puede ver identificado en alguna medida con esta dinámica, y sin necesidad de tener este diagnóstico.

Pues bien, aquí quería yo llegar, y es que el problema no sólo lo tiene quien cumple los criterios para que se pueda hablar de trastorno clínico, sino que, en diferentes grados, todos tenemos de todo y muchas veces no lo queremos ver y precisamente eso es lo que va sumando hacia la infelicidad. A veces, una de las peores cosas que te puede suceder es que con la gripe tu cuerpo no reaccione con fiebre como síntoma que alerta para que sea solucionado, de la misma forma, a veces, el cuerpo no reacciona con ansiedad ni con depresión u otros síntomas, entonces todo va de forma oculta en ti, en un triste silencio de infelicidad.

Ver nuestras tendencias o pequeñas manías, saber cuál es la tendencia neurótica de nuestro carácter se va haciendo cada vez más necesario porque hemos nacido como con un Mercedes encima de nuestros hombros, que apenas estamos ahora aprendiendo a conducir, pero mientras tanto podemos ser capaces de lo peor o de lo mejor, ¿qué eliges? Esto no sólo es cosa de psicólogos, sino responsabilidad de todos, conduce con cuidado 😉

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