Nuestra mente es como un filtro, unas cosas las deja pasar y otras no, asimismo otras las deja pasar pero distorsionadas, de la misma manera que la luna nos parece más grande cuando está saliendo de entre las montañas, se trata de un efecto perceptivo… Esto es lo que estaba leyendo en el libro de psicología de la percepción de la carrera cuando mi compañera de piso me interrumpió para preguntarme si quería ir a un taller fantástico sobre psicología positiva.
Nunca había oído hablar de ello pero sonaba realmente bien, así es que me lancé siempre con la intención de aprender de todo. Precisamente una cosa que nos decía un profesor muy bueno que teníamos era que no nos quedáramos sólo con lo que aprendiéramos en la carrera sino que indagáramos y completáramos nosotros mismos nuestro puzzle de la realidad para que tuviéramos nuestro propio criterio.
De eso era precisamente de lo que estaban hablando en el minuto 15 después de entrar en el centro donde se impartía ese taller. El chico, por cierto con una actitud muy optimista que me gustó, dijo:
Salí de allí sintiéndome bastante culpable pues entonces todas las cosas que yo había planificado y no me habían salido bien eran por mi culpa….
Fui corriendo hacia mi sesión semanal de psicoterapia integral del servicio de la facultad pues llegaba muy justa de tiempo. Nada más entrar lo primero que le dije es lo culpable que me sentía con aquellas ideas del taller, entonces la terapeuta me dijo que en ocasiones la gente se olvidaba de que no todo depende de nosotros, aunque muchas cosas sí, y que últimamente mucha gente, queriendo dar tanta importancia a lo subjetivo y a nuestro poder interior, se olvidaba de que hay un mundo externo que ya no depende sólo de nosotros, que puede ocurrir un terremoto o que nuestro plan, aunque sea muy bueno, puede no gustar a los demás.