Luego, emocionada, fuimos a comprar el periódico La Nueva España para ver el artículo que la periodista Ana Martínez había escrito sobre la presentación de mi libro: «De la medicación a la relajación», del lunes 29 de septiembre, cuyo título se le había ocurrido a un genio ingenioso, mi acompañante Jose. Para mi sorpresa se notaba que Ana lo había redactado con mucho cariño y esmero, para lo que me entrevistó justo antes de la presentación con esa cara de quien quiere saberlo todo sobre el tema y hacer su trabajo bien.
A continuación comienzo a sentirme bien porque me digo: «la vida son dos días, y eso es una experiencia fantástica donde aprender y divertirme, y si me confundo pues aprendo mucho más, ya le había dado la vuelta a la tortilla y comenzaba a entusiasmarme como siempre me pasa con los nuevos retos.
Audio de los primeros minutos de la presentación del libro. Grabado por Miguel Esteban Torreblanca.
El lunes en el Club de Prensa de La Nueva España presenté mi libro por segunda vez gracias a Miguel Esteban Torreblanca y su contacto con el organizador de estos eventos: Luis Miguel Piñera, comencé con algunas dificultades técnicas con el formato de archivo del vídeo de relajación que llevaba, pero enseguida fue solventado con una premura y eficacia por parte de Jose, Luis Miguel, el técnico de la sala y Miguel Esteban, a los cuales les estoy tremendamente agradecida por su gran amabilidad.
Con este ambiente tan favorecedor me sentí muy arropada y algo diferente a las otras ocasiones, desde luego la simpatía y alegría de Miguel ayudanban mucho también, noté que cuanto más sincera fuera diciendo todo lo que pensaba, sin miedo a que no le guste a todo el mundo, sería mejor para todos, porque si alguien va buscando otro tipo de lectura y no es lo que le parecía con el título, mejor que lo sepa cuanto antes y continúe buscando lo que necesita, pues mejor que uno no lo sabe nadie y cada uno tiene su proceso en la vida.
Sin embargo, hay realidades que ya no forman parte de la experiencia subjetiva e interior, sino de una realidad externa y bien objetiva, que es el ámbito de la salud mental y lo que reflejan los datos, por eso quiero presentaros este resumen de la noticia que a continuación encontraréis con el enlace para leerla completa, con interesantes opiniones de los expertos:
«El panorama en Asturias denota «un elevado y preocupante consumo de psicofármacos».
Uno de cada tres asturianos consume ansiolíticos
A mí una de las frases que más me hace reflexionar es: «una tendencia cada vez más creciente de medicalizar acontecimientos de la vida cotidiana de las personas». Estoy segura que para que esta realidad esté surgiendo hay varios factores que la explican y habría que entender varios puntos de vista, los médicos son bien conscientes de esto y seguro que tratan de recetar sólo cuando lo ven necesario, aquí tenemos que tener en cuenta la presión social que, entre todos en general, hacemos, desde pacientes, instituciones, asociaciones, etc; porque tendemos cada vez más a la sobreprotección social.
Así es que no depende sólo de ellos, los problemas de ansiedad y depresión aumentan y a nivel colectivo no hay mucha cultura sobre cómo podemos primero prevenir y segundo trabajarnos personalmente para contrarrestarlo, por no hablar de los factores externos inevitables de pobreza y problemas económicos y de trabajo que nos acompañan en estos tiempos.
Además a nivel social se ve una disminución de la tolerancia a las crisis, duelos, etc, producto también de esa sobreprotección, como si nos hubiéramos acostumbrado a que todo vaya bien, a los buenos tiempos, y si no es así se interpreta como algo grave y patológico. Pues no, si perdemos a alguien no hay quien nos quite unos 3 meses de duelo aproximadamente, si pasamos por una crisis duele pero también se crece, y es inevitable, es la vida misma, eso en el mejor de los casos, porque si no dejamos que esos procesos se generen y evolucionen dejándonos sentirlos, entonces lo que propiciamos es un atasco, y ese atasco es el que nos lleva al médico.
Y es que me encanta utilizar la frase de un amigo : «cuando me siento deprimido tendría que preguntarme -¿a quién debiera estar matando en estos momentos?». Desde luego en un sentido figurado en el que cuando no somos capaces de poner ciertos límites a los demás y nos tragamos las cosas, entonces ese enfado se vuelve contra nosotros, quitándonos la energía y derivando en depresión en muchos casos.
Así es que os invito a que probéis y ensayéis más diciendo lo que tenéis que decir, aunque no guste a la gente, haciendo lo que tenéis que hacer aunque tampoco guste, esa liberación no se paga con dinero, y ese es el camino de un mayor bienestar, ese que incluye darse libertad para disfrutar pero para sentir el dolor también.
En ello seguiremos aprendiendo en vuestra compañía siempre. Gracias a todos por estar ahí, lo que yo estoy aprendiendo aquí en las redes sí que no se paga con dinero.
¡Ánimo y a «saltar»!
