Volamos alto cuando podemos llegar a sentir las emociones que están en las galaxias más elevadas de nuestra alma. Olas de expansión, de alegría, de conexión y ternura hacia los demás es lo que sentimos. Éstas serían algunas de las emociones más placenteras. Las podríamos llamar: felicidad, gozo, tranquilidad, contento, deleite, diversión, dignidad, placer, estremecimiento, gratificación, satisfacción, euforia, capricho… Seguro que hay más palabras que describen diferentes matices de esta misma experiencia. Es curioso la gran cantidad de palabras que hay en nuestro idioma para describir un estado emocional y el enorme beneficio que tiene tan sólo poder nombrarlo.

Estas emociones son la consecuencia de situaciones gratas de nuestra vida, es la respuesta psicofisiológica de nuestro cuerpo-mente ante situaciones agradables.

Sin embargo, no siempre podemos experimentar esto. Por mucho que nos queramos resistir, hay situaciones en la vida que nos hacen sentir otras cosas inevitablemente, ya sea tristeza, enfado, miedo, etc.

El único camino sano es afrontar la realidad que esté sucediendo y afrontar lo que inevitablemente nos hace sentir. Y es que esas otras emociones no tan agradables también tienen una función muy importante a la hora de adaptarnos, reaccionar o solucionar problemas. 

Vamos a ver ahora la diferencia entre emociones y sentimientos:

  • Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante. Pueden ser intensas pero momentáneas.
  • Los sentimientos son el resultado de las emociones. Es la evaluación que hacemos de las emociones. En función de esa evaluación dará lugar a un sentimiento, se trata de una experiencia más subjetiva o diferente en cada persona. Puede tener más duración en el tiempo, y son menos intensas que las emociones.

Poe eso lo que, muchas veces, se interpone en nuestro camino, ante las situaciones que provocan emociones en nosotros, son nuestras creencias, nuestra forma de interpretar la realidad, las situaciones y nuestra forma de interpretar lo que nos hacen sentir estas situaciones, es decir, nuestra forma de interpretar las emociones que sentimos.

Entonces viene una segunda emoción, como resultado de la evaluación de las emociones que estoy sintiendo y que las circunstancias han provocado en mí.

La forma que yo tenga de interpretar mi reacción emocional psicofisiológica natural ante las circunstancias, tendrá un impacto importante sobre lo que yo guardaré en mi mente. Esta evaluación de las emociones provocará lo que llamaremos sentimientos, que son menos intensos pero más duraderos en el tiempo. Se trata de una experiencia subjetiva y que cada uno vive a su manera.

Las emociones son universales, todos ante determinadas circunstancias reaccionamos sintiendo una u otra cosa. Las diferencias pueden estar en la intensidad del impacto según el temperamento de cada persona. Sin embargo, en el resultado de nuestra evaluación ya hay factores culturales importantes. Yo creo que poco a poco podemos ir aprendiendo más acerca de la sabiduría de las emociones.

Por esta razón, he elaborado un cuestionario al que 150 personas han respondido amablemente, colaborando para que, entre todos, podamos aprender más sobre las emociones.

Ahora voy a comentar los resultados del cuestionario. Agradeciendo a todas esas personas que han colaborado en él, desde diferentes comunidades y también desde otros países. Destacando que el 74,1% son mujeres y el 25,9% son hombres. El 53,1% de las personas tienen estudios universitarios, el 42% estudios secundarios. El 44,4% son trabajadores por cuenta ajena, el 17,4% trabajadores por cuenta propia, el 18,1% en desempleo, el 12,5% funcionarios y el 7,6% jubilados.

El cuestionario está constituido por dos secciones, la primera con 18 items que reflejan qué pensamos sobre diferentes emociones, la segunda con 4 items que reflejan qué hacemos internamente con las emociones para gestionarlas.

Desde luego, según qué cosas creamos sobre las emociones, así las gestionaremos internamente, por eso es tan importante hacer mediciones al respecto, analizar y reflexionar, aprendiendo de los resultados. Por ejemplo, si creo que es indigno sentir envidia, entonces no me permitiré sentirla en situaciones de la vida en las que es natural que sentirla. Si la rechazo en mi interior no la podré gestionar, es entonces cuando podrá secuestrarme más fácilmente, o jugarme malas pasadas.

Después del análisis de los resultados del cuestionario, voy a ofrecer aquí un resumen, unas conclusiones sobre lo más relevante. Aquí puedes ver el análisis pormenorizado de los resultados de cada item.

El enfado

Un 83,5% está en desacuerdo con que enfadarse sea perder los papeles. Y es que más bien ésta sería una forma insana y destructiva de expresarlo. Así se expresa el enfado cuando lo han encerrado durante un tiempo en una mazmorra amordazado para que no se le oiga. ¿Cómo crees que puede sentirse?, seguro que mucho más enfadado. Si a este trabajador de nuestra empresa lo tratamos bien y le damos el valor que tiene hará un buen servicio, nos dará la suficiente fuerza para darnos el derecho de decir lo que pensamos cuando creemos que es conveniente, y entonces podremos decirlo más calmadamente.

La tristeza 

El 62,2% cree que la tristeza no conlleva más riesgo de depresión. Y es que es justo al contrario, si dejamos sentir la tristeza en los momentos en los que se activa de forma natural, por acontecimientos, pensamientos, cansancio o por enfermedad, entonces se sentirá escuchada y atendida, será la mejor manera de prevenir la depresión. De lo contrario pueden acumularse tristezas e incluso duelos que colapsarán el sistema inundándolo de tristeza acumulada. Puede que la tristeza sea más voluble y más como agua en nuestro interior, por eso quizá sea más difícil tenerla encerrada y amordazada, se colará por las rendijas con facilidad impregnándolo todo en nuestra vida, más de lo que deseamos.

El miedo

Un 88,8% está en desacuerdo con que sentir miedo sea de cobardes y un 89,4% está en desacuerdo con que sea signo de debilidad. Claramente aquí hay creencias que han ido cambiando a lo largo de las generaciones, por suerte. Sin embargo, un 56,9% está de acuerdo con que experimentar miedo conllevará interferencias en las labores de la vida diaria. 

El miedo es una emoción que necesitamos y se hace urgente conocerla más y aprender a sacar provecho de ella. Al menos la mayor parte de las personas que han contestado a este cuestionario saben que no es de cobardes y tampoco signo de debilidad, pero aún tenemos miedo de que interfiera en nuestra vida. Miedo al miedo en definitiva, producto del desconocimiento de las funciones reales que tiene esta emoción. El miedo, bien gestionado e integrado, nos ayuda a prestar atención y cuidado para conseguir nuestro objetivos, cuidando de nuestra superviviencia y bienestar.
La envidia y los celos son otras de las emociones más peliagudas en general y más rechazadas.

Vamos ahora a hablar de dos sentimientos importantes y medidos también en este cuestionario.

La envidia 

El 67,5% de las personas que contestaron a este cuestionario están de acuerdo en que la envidia es muy mala. La envidia forma parte de lo que llamamos sentimientos. Los sentimientos son las evaluaciones que hacemos de las emociones, que nos despiertan algunas situaciones o personas. Está extendida la creencia de que la envidia es casi igual o cercano a desearle mal a los demás, los que tienen lo que yo no tengo. Pero ésta sería la manera insana de manifestarse la envidia desde el calabozo, desde el rechazo. Realmente es algo que sentimos de forma natural en muchas circunstancias, tenemos la capacidad de sentirla y no por ello es mala. Detrás de la envidia están nuestros deseos, ella nos los recuerda cuando observamos a los demás. Y no está mal tener a otras personas de referencia, siempre que ello no nos esclavice. Al fin y al cabo lo más importante de la vida lo aprendemos de los demás, por tanto, es muy sano tener referentes, objetivos y deseos que nos guían en nuestro proyecto de vida.


Los celos

Un 58,2% está de acuerdo en que sentir celos es enfermizo. Sin embargo, no tiene por qué serlo, igual que las emociones y otro tipo de sentimientos, todo depende de cómo los gestionemos en nuestro interior. Hay situaciones que pueden despertarnos más fácilmente sentimientos de celos pero, como se trata de una vivencia más subjetiva, el hecho de sentirlos y de cómo los gestionemos también depende de cómo sea el ambiente de nuestra empresa interior, es decir, de cómo esté nuestra autoestima, de cómo gestionemos nuestras inseguridades y de cómo nos hablemos, el diálogo interior, si es amable y motivador o duro y exigente. Cuando nos falta el cariño hacia nosotros mismos, es posible que en más situaciones de las que quisiéramos nuestros celos se despierten, creyendo que la persona amada o nuestro hermano, madre u otro familiar prefiere a otra persona antes que a nosotros. Cuando en realidad, si el amor es sincero y sano, hay para todos, es ilimitado.

Pues con esto termino el resumen de los resultados del cuestionario. Espero que haya sido de utilidad para ti y que sigamos aprendiendo entre todos mucho más sobre el apasionante mundo de las emociones, los sentimientos, nuestra mente en general y la forma de vivir más felices.

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