Para escribir el post de hoy me he inspirado en alguna sugerencia y en mi compañera de proyectos Lilián Suárez Fernández, abogada y mediadora especializada en Mediación Familiar y Social, gestión y resolución de conflictos.
Alejandro nos va invitando a posicionarnos y a hablar desde diferentes aspectos nuestros, todo el taller tiene una estructura que la va adaptando a las necesidades del grupo.
En primer lugar hablamos desde el protector y el controlador, en cada taller tengo la oportunidad de revisar qué cosas aún no estoy protegiendo de mí, qué cosas se me escapan y podría gestionar mejor, qué más cosas puedo controlar de mi vida aprovechando mis cualidades.
En ocasiones tenemos creencias negativas acerca de algún aspecto nuestro y aquí es donde se produce el conflicto interior, entre ese aspecto y nuestra creencia.
Después fuimos viendo otros aspectos como el miedo y el enfado, y en cada una de las voces experimentábamos cómo sería si en vez de existir conflicto estuvieran aceptados y reconociéramos totalmente su trabajo
. Esto era muy liberador, experimentar que yo puedo utillizar libremente mi enfado para poner los límites que necesito y, por otra parte, descubrir el gran servicio que hace el miedo en mi vida para que pueda prestar más atención serena a todo. De hecho el miedo totalmente integrado es atención plena o mindfulness, es decir, la capacidad intrínseca de la mente para estar presente y consciente en este mismo momento.Tratabajamos también el contínuo confianza-desconfianza, descubriendo que las dos las necesitamos en diferente grado dependiendo de cada situación y cómo sería nuestra vida si, en vez de atascarnos normalmente en uno de los extremos, pudiéramos utilizarlos con flexibilidad.
Por eso otro de los aspectos que hemos trabajado es el padre y la madre interior, que nada tienen que ver con los padres biológicos, aunque solemos asociarlos a ellos. La madre interior es la que nos da cariño incondicionalmente y para toda la vida, nos quiere tal y como somos, no tenemos que esforzarnos para que nos acepte o nos quiera. El padre interior nos da una dirección en nuestra vida, nos ayuda a tomar decisiones y a tomar nuestra autoridad y poder.
La mente que piensa siempre es tremendamente reveladora pues curiosamente desaparecen los pensamientos y aparece la calma, y así con cada uno de los aspectos llegamos a reconciliarnos, nos liberamos de algunas cargas que no eran nuestras y tomamos más que nunca las riendas de nuestra vida.
